Vacunación

Enseñar al cuerpo por adelantado

Fecha
1796
Época
Era industrial
Etapa
IV Ciencia e industria
Dificultad

Lámina

Leyenda
  1. 1Vaca lechera, fuente de la viruela vacuna
  2. 2Ordeñadora
  3. 3Lanceta en su estuche
  4. 4Frasco de vidrio
  5. 5Pluma de ave y tintero
  6. 6La Inquiry de Jenner (1798)

Anatomía

Linfa, el líquido claro de la vesícula, repartida en pequeñas celdasAréola, el anillo rojo alrededor de la lesión, y la piel inflamada debajoTecho de la vesícula y luego la costra parda que lo sustituyePiel en corte: epidermis, dermis con folículos y glándulas sudoríparas, grasaSoporte de madera y regla en milímetros de pielUn bloque de piel de la parte alta del brazo, cortado por el sitio de una primera vacunación contra la viruela y muy ampliado; la regla del soporte mide en milímetros de piel. Los dos primeros días no se ve nada. Hacia el día 3 se eleva una pequeña pápula roja, y hacia el día 5 se convierte en una vesícula de linfa clara con un estrecho borde rojo, dividida en pequeñas celdas, cuyo centro se hunde a medida que crece. Alcanza su pleno desarrollo hacia el día 8. En la época de la vacunación de brazo a brazo, era entonces cuando el vacunador tomaba de ella la linfa para la persona siguiente, antes de que se extendiera la aréola roja. Desde el día 9 el contenido se enturbia y la vesícula ya es una pústula, de ordinario de 7 a 12 mm de diámetro (10 mm aquí), mientras la aréola se ensancha hasta su máximo hacia el día 10. Hacia el día 12 empieza a secarse del centro hacia el borde y forma una costra parda, que se cae hacia el día 21 y deja una cicatriz hundida. Los plazos varían de una persona a otra: según las fuentes, la costra se cae entre el día 14 y el día 21. El diámetro indicado para cada día, el tamaño de la aréola y las alturas del corte son orientativos.

La vacunación entrena al sistema inmunitario con una forma debilitada, muerta o parcial de un germen, para que el cuerpo pueda vencer más tarde la enfermedad real. Edward Jenner demostró en 1796 que la viruela vacuna protege contra la viruela, y dos siglos después la vacunación convirtió la viruela en la primera enfermedad humana erradicada.

Qué es

La vacunación prepara al cuerpo contra una enfermedad infecciosa, normalmente antes de que se encuentre con ella. La persona recibe una versión debilitada, muerta o parcial del germen, o las instrucciones para fabricar uno de sus componentes. El sistema inmunitario responde como ante una infección real, con mucho menos riesgo que la enfermedad en sí, y guarda memoria del encuentro. Si el germen verdadero llega después, la defensa arranca deprisa y por lo general lo frena antes de que cause daños graves.

La palabra viene del latín vacca, vaca. La primera vacuna usaba la viruela vacuna, una enfermedad leve del ganado que las ordeñadoras contraían en las manos, para proteger contra la viruela, una de las enfermedades más mortíferas de la historia. La lámina es una composición: el entorno rural del experimento de 1796 y, a su lado, objetos de la época, una lanceta en su estuche, un frasco de vidrio, una pluma y el libro que Jenner publicó en 1798.

Cómo funciona

El sistema inmunitario aprende a reconocer los gérmenes por sus formas moleculares, llamadas antígenos. En un primer encuentro tarda días en encontrar las células adecuadas y multiplicarlas. Algunos glóbulos blancos, los linfocitos B, fabrican anticuerpos que se fijan al germen y lo marcan para su destrucción. Otros, los linfocitos T, matan las células infectadas y coordinan la respuesta. Ese retraso explica que una primera infección pueda volverse grave.

Cuando la infección pasa, queda una población de células de memoria, a veces de por vida. Un segundo encuentro con el mismo antígeno desencadena una reacción más rápida y más fuerte. La vacuna ofrece ese primer encuentro con un riesgo mucho menor que el de la propia enfermedad.

La viruela vacuna protegía contra la viruela porque los dos virus son parientes cercanos: sus antígenos se parecen lo bastante como para que la inmunidad frente a uno cubra el otro. Las vacunas posteriores se fabricaron de otras maneras. Algunas usan un germen vivo tan debilitado que rara vez causa enfermedad, un método que inauguró Louis Pasteur; no se administran a todo el mundo, porque una persona con las defensas muy debilitadas aún puede enfermar con ellas. Otras emplean un germen muerto, un fragmento purificado o una toxina inactivada. Las más recientes dan a las células el código genético para fabricar durante poco tiempo una proteína inofensiva del germen.

En las enfermedades que se transmiten de persona a persona, el germen deja de circular con facilidad cuando una parte suficiente de la comunidad es inmune y deja de transmitirlo. Esta inmunidad de grupo protege también a quienes no pueden recibir una vacuna concreta o responden mal a ella. La proporción necesaria depende de lo contagiosa que sea la enfermedad, y de hasta qué punto y durante cuánto tiempo la vacuna impide la transmisión. El tétanos, que se contrae a través de la tierra y no de otras personas, no ofrece esa protección compartida.

Las vacunas se desarrollan y fabrican bajo una estricta regulación sanitaria y por lo general las administran profesionales de la salud. Como cualquier medicamento, pueden tener efectos secundarios, que se vigilan después de su autorización.

Cómo se fabrican las vacunas

Durante la mayor parte del siglo XIX la única vacuna fue la de la viruela, y la principal dificultad consistía en mantener vivo el virus de un paciente al siguiente.

Una cajita de madera con puntas de marfil cubiertas de linfa seca en el extremo, dos puntas sueltas al lado y dos placas de vidrio selladas con cera alrededor de una mancha de linfa seca Las puntas de marfil y las placas de vidrio selladas llevaban la linfa seca de un vacunador a otro.

De brazo a brazo. Nadie sabía aún cultivar el virus de la viruela vacuna en un laboratorio, así que se mantenía en personas. Alrededor de una semana después de la vacunación se formaba una vesícula en el punto de inoculación. El vacunador la abría con una lanceta y usaba su líquido claro, llamado linfa, para vacunar a la persona siguiente. Para enviar la vacuna más lejos, la linfa se secaba sobre pequeñas puntas de marfil, cañones de pluma o hilos, o se encerraba entre dos placas de vidrio, y se humedecía antes de usarla. La expedición española de Balmis, que zarpó en 1803, llevó la vacuna a través del Atlántico en 22 niños huérfanos, a los que se vacunaba de dos en dos durante la travesía. Pasar la linfa de una persona a otra también podía transmitir otras enfermedades, entre ellas la sífilis.

Linfa de ternera. En Nápoles, los vacunadores mantenían el virus en terneros desde principios de siglo. Después de que el método se presentara en un congreso médico en Lyon en 1864, se extendió a Francia y luego por toda Europa. A los terneros se les vacunaba con arañazos superficiales en una zona de piel afeitada, y unos días más tarde se recogía la pulpa de las vesículas. En 1891 el médico inglés Sydney Copeman demostró que, mezclada con glicerina, esa pulpa perdía en unas semanas la mayor parte de sus bacterias sin que el virus se destruyera. La linfa de ternera glicerinada, sellada en finos tubos de vidrio, se convirtió hacia 1900 en la vacuna habitual en Gran Bretaña. Cuando los virólogos del siglo XX examinaron el virus de las reservas de vacuna, descubrieron que era el virus vaccinia, un poxvirus emparentado con el de la viruela vacuna pero distinto de él.

Un trabajador sanitario camina hacia una aldea durante la campaña de erradicación de la viruela Los equipos del programa de erradicación localizaban cada caso y vacunaban a las personas de su entorno.

La vacuna liofilizada y la aguja bifurcada. Con el calor del trópico, la linfa líquida perdía su eficacia en uno o dos días. En los laboratorios del Instituto Lister en Elstree, al norte de Londres, Leslie Collier desarrolló una vacuna liofilizada, protegida con peptona, que se conservaba durante meses sin refrigeración; trabajó en ella allí entre 1948 y 1955. Durante la campaña de erradicación iniciada en 1967, la OMS solo usó vacuna liofilizada e hizo controlar los lotes en laboratorios de referencia de Canadá y los Países Bajos. Al empezar la campaña, menos de una de cada diez vacunas en uso cumplía la norma. La aguja bifurcada, desarrollada en los laboratorios Wyeth de Estados Unidos en la década de 1960, es una varilla corta de acero terminada en dos puntas que retienen una sola gota de vacuna. El vacunador la presionaba contra la piel de la parte superior del brazo unas quince veces en una zona pequeña. Gastaba la cuarta parte de la vacuna que se necesitaba antes, podía esterilizarse y reutilizarse, y su manejo se aprendía en minutos.

Vacunas modernas. Las vacunas vivas atenuadas usan un germen debilitado hasta que rara vez causa enfermedad: el virus del sarampión, por ejemplo, se debilitó haciéndolo crecer durante muchas generaciones en cultivos celulares, y la vacuna BCG contra la tuberculosis es una bacteria debilitada. Las vacunas inactivadas parten de un germen cultivado, los virus en huevos o en cultivos celulares, que luego se mata con un producto químico como el formaldehído; así se hizo la vacuna contra la poliomielitis de Jonas Salk, en 1955. Los toxoides contra el tétanos y la difteria son toxinas bacterianas inactivadas de forma parecida. Las vacunas de subunidades contienen solo partes seleccionadas y purificadas del germen: la vacuna recombinante contra la hepatitis B, autorizada en Estados Unidos en 1986, es una proteína vírica fabricada por levaduras portadoras de su gen. Las vacunas de ARN mensajero no contienen ninguna parte del germen. Unas enzimas copian el ARN a partir de un molde de ADN; después se purifica y se envuelve en diminutas partículas de grasa que lo llevan al interior de las células.

Control de calidad. La producción parte de un lote de siembra de virus, bacterias o células que se conserva congelado, para que la cepa no varíe de un lote a otro. Los fabricantes analizan cada lote (identidad, esterilidad, pureza y potencia) y guardan muestras. En la mayoría de los países, una autoridad reguladora nacional y su laboratorio de control examinan esos resultados, y a veces repiten los análisis, antes de autorizar la liberación de cada lote.

Seguridad. Esta sección describe cómo han fabricado vacunas los laboratorios y las fábricas. No intentes nunca preparar una vacuna por tu cuenta: un preparado casero puede llevar gérmenes peligrosos, causar una infección grave y no dar ninguna protección. Usa solo vacunas autorizadas de lotes liberados, administradas por profesionales sanitarios o, en los pocos productos autorizados para ello, exactamente según la prescripción.

Historia y evolución

Mucho antes de las vacunas existía la variolización, la infección deliberada de una persona sana con materia de una pústula de viruela. Solía provocar una forma más leve seguida de inmunidad de por vida, aunque algunas personas morían. La práctica era antigua en China, la India y el Imperio otomano. Lady Mary Wortley Montagu la conoció en Constantinopla y en 1721 hizo variolizar a su hija en Londres, lo que contribuyó a difundirla en Gran Bretaña.

Los granjeros del oeste de Inglaterra habían observado desde hacía tiempo que las ordeñadoras que pasaban la viruela vacuna parecían librarse de la viruela. El cirujano John Fewster habló de ello en 1768, y en 1774 Benjamin Jesty, granjero de Dorset, contagió a propósito la viruela vacuna a su mujer y a dos de sus hijos durante una epidemia.

Edward Jenner, médico en Berkeley, en el condado de Gloucestershire, convirtió aquella observación popular en un experimento. El 14 de mayo de 1796 tomó materia de una pústula de viruela vacuna de la mano de la ordeñadora Sarah Nelmes y la introdujo en el brazo de James Phipps. Unas semanas después expuso al niño a materia de viruela, y Phipps no enfermó. La Royal Society no publicó su primer informe, así que en 1798 Jenner publicó el caso, junto con otros, a su costa en un breve libro, la Inquiry. En pocos años la vacunación se extendió por toda Europa y por América.

Un científico francés de la década de 1880 ante su microscopio, junto a matraces de vidrio Pasteur obtenía sus vacunas debilitando el germen de la propia enfermedad.

A finales de la década de 1870, Louis Pasteur comprobó que un cultivo de la bacteria del cólera de las gallinas, dejado envejecer, ya no causaba la enfermedad pero seguía protegiendo a las aves. Desarrolló vacunas contra el carbunco de las ovejas en 1881 y después contra la rabia. El 6 de julio de 1885, Joseph Meister, un niño de nueve años mordido por un perro rabioso, empezó el tratamiento y sobrevivió. Suele considerarse la primera persona vacunada contra la rabia, aunque los historiadores han encontrado intentos anteriores con pacientes en mayo y junio de 1885. El virus de la rabia suele tardar semanas en llegar al cerebro, así que una vacunación poco después de la mordedura, antes de cualquier síntoma, aún podía impedir la enfermedad. Cualquier sospecha de exposición requiere atención médica inmediata. El siglo XX añadió vacunas contra la difteria, el tétanos, la tos ferina, la tuberculosis, la poliomielitis, el sarampión y muchas otras enfermedades.

En 1967 la Organización Mundial de la Salud lanzó una campaña intensificada para acabar con la viruela. El último caso natural se produjo en Somalia en 1977, y el 8 de mayo de 1980 la Asamblea Mundial de la Salud declaró erradicada la enfermedad. En 2020, vacunas basadas en ARN mensajero, fruto de varias décadas de investigación, se emplearon contra la COVID-19 menos de un año después de identificarse el virus.


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