Máquina de coser
Mil puntadas por minuto
Lámina
- 1Carrete del hilo superior
- 2Barra de aguja y aguja
- 3Prensatelas
- 4Dientes de arrastre
- 5Lanzadera con canilla
- 6Volante de mano
- 7Pedal y volante de inercia
Anatomía
Una máquina de coser une la tela con puntadas formadas mecánicamente, la mayoría de las veces enlazando un hilo superior, llevado por una aguja con el ojo cerca de la punta, con un hilo inferior guardado en una lanzadera o una cápsula de canilla. La máquina de punto de cadeneta de Barthélemy Thimonnier, de 1830, fue la primera usada en un taller; la patente del pespunte de Elias Howe en 1846 y la máquina de Isaac Singer en 1851 la convirtieron en una herramienta de la industria y del hogar.
Qué es
Una máquina de coser hace pasar una aguja enhebrada a través de la tela una y otra vez, y en cada pasada anuda el hilo para que las puntadas aguanten. Su mecanismo repite unos pocos movimientos: la aguja baja y sube, un garfio o una lanzadera atrapa el hilo bajo la tela y el tejido avanza una puntada.
La mayoría de las máquinas hacen pespunte: dos hilos, uno desde arriba y otro desde abajo, se enlazan en mitad del grosor de la tela. La máquina típica de las décadas de 1860 a 1880, la que llevó la costura a máquina a talleres y casas, era un cabezal de hierro fundido sobre un pie de pedal, con aguja recta y lanzadera en forma de barca.
Cómo funciona
En un pespunte terminado, el hilo superior y el inferior se enlazan entre las capas de tela.
La aguja de una máquina de coser tiene el ojo cerca de la punta, al revés que una aguja de mano, y nunca se suelta: sigue sujeta en su barra mientras la punta y el ojo atraviesan la tela. Lleva el hilo superior a través del tejido y del agujero de la placa de aguja. Cuando empieza a subir, el rozamiento retiene algo de hilo bajo la tela y junto a la aguja se abre un pequeño bucle.
En ese momento la lanzadera puntiaguda pasa por el bucle, con una pequeña canilla de hilo inferior dentro. El bucle se desliza alrededor de la lanzadera y sale por detrás, de modo que el hilo superior rodea ahora al inferior. El tirahilos, en la parte delantera de la máquina, tensa entonces el hilo superior y el cruce sube hasta la mitad de la tela. Unos muelles de tensión en ambos hilos deciden dónde queda: si un hilo está demasiado tenso, el nudo se ve en una de las caras.
La lanzadera de barca guarda la canilla del hilo inferior; el hilo sale por un agujero lateral, donde un pequeño muelle, que aquí no se dibuja, regula su tensión.
Entre puntada y puntada la tela tiene que avanzar. El prensatelas la sujeta contra una pequeña barra dentada, los dientes de arrastre, que asoma por unas ranuras de la placa, empuja la tela una longitud de puntada y vuelve a bajar. El mismo eje principal que mueve la barra de aguja mediante una manivela acciona desde abajo la lanzadera y el arrastre, así que los tres van acompasados. En una máquina de pedal, los pies balancean un ancho pedal de hierro, una biela hace girar un volante pesado y una correa de cuero sube el movimiento hasta el volante de mano del brazo.
El punto de cadeneta de un hilo, más antiguo, no necesita hilo inferior. En la máquina de Thimonnier, una aguja de gancho tiraba de cada bucle nuevo a través del anterior; las máquinas posteriores de cadeneta de un hilo usan una aguja con ojo y, debajo, un gancho, el lazador, que retiene cada bucle para la puntada siguiente. Es un punto rápido, pero si se tira del cabo de hilo al final de la costura, puede deshacerse la costura entera.
Cómo construirla
Una máquina de coser de verdad exige agujas templadas, levas y piezas ajustadas, hechas en un taller mecánico. Un modelo grande sobre un bastidor sencillo muestra cómo se enlazan los dos hilos de un pespunte.
Hacer el bastidor. Tense un trozo de arpillera de trama floja sobre un marco o un bastidor de bordar y fíjelo a una altura cómoda, con espacio para meter la mano por debajo.
Hacer la aguja. Tome una varilla de madera de unos 30 cm de largo y 8 mm de grosor, sáquele punta roma con un sacapuntas y taladre un agujero de 4 mm a 1 cm de la punta. Pase por ese ojo un hilo grueso de lana de un color, dejando una cola de unos 15 cm.
Hacer la lanzadera. Enrolle unos dos metros de hilo de lana de otro color alrededor de una pinza de la ropa o de una pequeña lanzadera de madera. Antes de la primera puntada, sujete el extremo de cada hilo con cinta adhesiva a la parte trasera del bastidor para que no se escape.
Coser. Una persona hunde la aguja en la arpillera hasta que el ojo quede bien por debajo y luego la sube un centímetro sujetando el hilo por encima de la tela, para que se abra un bucle por debajo. Otra persona pasa la lanzadera por el bucle, de delante hacia atrás, soltando hilo cuando haga falta. Saque la aguja hacia arriba y tense ambos hilos para que el cruce se hunda en la trama. Haga la puntada siguiente unos 2 cm más allá sobre la tela y repita. Dé la vuelta al bastidor: los dos colores quedan unidos entre las dos caras.
Seguridad. Sujete la pieza con un tornillo de banco o un sargento al taladrar y mantenga los dedos lejos de la broca. En una máquina de coser real, aleje los dedos de la aguja en movimiento, no meta nunca la mano bajo el prensatelas mientras la máquina funciona y apague y desenchufe una máquina eléctrica antes de enhebrarla, cambiar la aguja o limpiar la pelusa.
Historia y evolución
En la cadeneta cada lazo solo lo sujeta el siguiente. Nada sujeta el último, así que tirar del hilo por ese extremo deshace la costura lazo a lazo.
Desde finales del siglo XVIII varios inventores patentaron artefactos para coser, pero la primera máquina usada en producción fue la del sastre francés Barthélemy Thimonnier, patentada en 1830. Hacía punto de cadeneta con una aguja de gancho, a la manera del bordado de tambor. Pronto tuvo 80 máquinas cosiendo ropa militar en un taller de París. Un grupo de sastres que temían por su oficio entró y las destrozó. La mayoría de los relatos fechan el ataque en 1831; algunos lo sitúan diez años después. Thimonnier murió en 1857.
En Estados Unidos, Elias Howe obtuvo el 10 de septiembre de 1846 la patente n.º 4750 para una máquina de pespunte. Usaba una aguja curva con el ojo cerca de la punta y una lanzadera con el segundo hilo, y él aseguraba que cosía 250 puntadas por minuto. En 1851 Isaac Merritt Singer patentó una máquina cuya aguja recta subía y bajaba sobre una mesa plana, la disposición que aún se usa hoy. Las patentes se solapaban y los fabricantes se demandaron unos a otros hasta 1856, cuando Howe, Singer, Wheeler and Wilson y Grover and Baker reunieron sus patentes en la Sewing Machine Combination; Howe cobraba un derecho por cada máquina vendida.
Edward Clark, socio de Singer, vendió las máquinas a plazos y mediante agentes que iban de puerta en puerta. En 1875 se concedieron licencias para unas 250 000 máquinas Singer, frente a unas 104 000 de su competidor más cercano, Wheeler and Wilson. Los garfios rotativos sustituyeron a la lanzadera en las máquinas rápidas, a finales del siglo XIX se empezaron a montar motores eléctricos y las fábricas de confección pasaron a depender de hileras de máquinas motorizadas que cosían varios miles de puntadas por minuto.