Riego
Llevar el agua a los cultivos
Lámina
- 1Contrapeso del cigoñal
- 2Cubo de cuero
- 3Canal de alimentación
- 4Surcos entre las hileras
- 5Hélice del tornillo
- 6Manivela
Anatomía
El riego lleva a los cultivos el agua que la lluvia no basta para darles, ya sea dejándola correr por canales de pendiente suave o subiéndola desde un río o un pozo. Los canales más antiguos que se conocen se excavaron hace unos ocho mil años en las llanuras secas de Mesopotamia, donde también se vio muy pronto que un campo regado sin drenaje puede acabar cargándose de sal.
Qué es
Regar es dar agua a los cultivos cuando la necesitan, sin esperar a la lluvia. En el sur de Irak o en el valle egipcio del Nilo no hay agricultura sin riego; en otros lugares aumenta las cosechas y permite una segunda siembra en la estación seca.
Si la fuente está más alta que el campo, la pendiente hace el trabajo: un canal sale del río aguas arriba y baja suavemente hasta las tierras. Si el agua está más baja, entre orillas altas o en el fondo de un pozo, alguien tiene que subirla. La lámina muestra un cigoñal (el shaduf egipcio) que alimenta un canal y sus surcos, y un tornillo de Arquímedes.
Cómo funciona
En un cauce demasiado llano, el agua se frena, deposita su limo y deja crecer los juncos; en uno demasiado empinado, socava el fondo y rompe los bordes. Un pequeño canal de tierra suele perder poco más de un metro por kilómetro, y la FAO recomienda para los surcos una pendiente de entre el 0,05 y el 0,5 %. Por eso los canales siguen las curvas de nivel y pierden altura despacio.
En la parcela, el agua inunda una tabla llana cerrada por pequeños caballones de tierra y se infiltra, o corre por surcos entre las hileras y empapa los lomos por los lados.
El cigoñal: en cuanto el campesino suelta la pértiga, el contrapeso sube el cubo lleno.
Subir un metro cúbico de agua un metro exige al menos 9,8 kilojulios, a los que se suma el rozamiento; una máquina solo hace más fácil aportar ese trabajo. El cigoñal es una palanca con un cubo en el brazo largo y una piedra o un terrón de barro seco en el corto. El campesino baja el cubo vacío hasta el agua, lo que levanta el peso, y el peso sube el cubo lleno. En mediciones de campo en Chad, una persona subía de 39 a 130 litros por minuto a alturas de 1,8 a 6,2 m. Con el mismo esfuerzo, cuanto más alto se sube, menos agua llega.
El tornillo de Arquímedes es una hélice que gira dentro de un tubo inclinado unos 30°. El agua se queda en el punto bajo de cada espira, y ese punto sube al girar el tornillo, llevando consigo una bolsa de agua. Mueve grandes volúmenes, pero solo unos metros hacia arriba; cuanto más empinado está, más pequeña es cada bolsa.
Toda agua de riego lleva algo de sal disuelta. Las plantas y el sol se llevan el agua y dejan la sal. Las fugas de canales y parcelas, además, hacen subir el nivel freático, y el agua salada asciende entonces hasta las raíces. Un campo solo se mantiene sano si de vez en cuando un exceso de agua arrastra la sal hacia abajo y un drenaje, natural o excavado, la evacua. Si no, la sal se acumula, a veces en una costra blanca, y las cosechas caen.
Cómo construirlo
El nivel en A: cuando la plomada cae sobre la marca, las dos patas están a la misma altura.
Hacer un nivel en A. Atar por arriba dos palos de unos 2,80 m, con las patas separadas 4 m, y fijar un travesaño a cerca de 1 m del suelo. Colgar una plomada del vértice. Apoyar el bastidor en dos estacas, marcar dónde cruza el hilo el travesaño, darle la vuelta y volver a marcar: el punto medio entre ambas marcas indica el nivel.
Trazar el canal. Avanzar el bastidor desde la toma clavando una estaca en cada pata. Para dar pendiente, poner un taco bajo la pata de aguas abajo y mover esa pata hasta que la plomada caiga sobre la marca, y clavar allí la estaca: un taco de 1 cm en un bastidor de 4 m da un 0,25 %. Cavar a lo largo de las estacas y apisonar la tierra sacada en un bordo del lado de abajo.
Abrir los surcos. Sacarlos del canal con la misma pendiente suave, separados de 30 a 60 cm en suelo arenoso y de 75 cm a 1,50 m en arcilla, cada uno alimentado por una muesca en el bordo. Dejar correr el agua hasta que la tierra del final del surco esté húmeda a la profundidad de las raíces, cerrar entonces la muesca y llevar el extremo de los surcos a una zanja de desagüe para que el sobrante salga de la parcela.
Montar un cigoñal. Clavar con firmeza dos postes junto al agua, con un travesaño sobre el que pivota una pértiga de tres a cuatro metros, a un cuarto de su longitud. Colgar un cubo del brazo largo y una piedra o un saco de tierra del corto, ajustando el peso hasta que un cubo lleno suba con un ligero empujón.
O enrollar un tornillo pequeño. Enrollar un tubo flexible alrededor de un palo, de modo que cada vuelta avance más o menos lo que mide el grosor del palo. Montarlo a unos 30° sobre dos cojinetes, lo bastante bajo para que la boca del tubo se hunda en el agua durante parte de cada vuelta, y poner una manivela arriba. Girarlo en el sentido en que la boca recoge el agua al entrar en ella. Si no sube nada, probar primero el otro sentido y después reducir el ángulo o apretar las vueltas.
Seguridad. La gente se ahoga incluso en canales estrechos de orillas empinadas y resbaladizas: no trabajar nunca solo junto al agua y mantener lejos a los niños. Hacer zanjas poco hondas, no más que la rodilla, y no bajar nunca a una más profunda: sus paredes pueden derrumbarse sin aviso. Dejar la tierra lejos del borde. No ponerse en el recorrido del contrapeso del cigoñal. Eliminar en pocos días el agua estancada, donde crían los mosquitos. Donde hay bilharziosis, sus parásitos viven en agua dulce, quieta o corriente, y atraviesan la piel: evitar todo contacto de la piel con el agua de los canales. El agua de riego no es agua potable.
Historia y evolución
En Choga Mami, en el este de Irak, cerca de la frontera con Irán, los excavadores hallaron canales de hacia 6000 a. C. que interpretan como acequias de riego; algunos los sitúan más cerca de 5500 a. C. Después, las ciudades de Sumer vivieron de los canales del Tigris y el Éufrates, y textos de Lagash describen redes completas hacia 2400 a. C.
En Egipto, diques de tierra dividían la llanura inundable en cuencas. Durante la crecida, unas compuertas dejaban entrar el agua, que permanecía allí cerca de un mes y se evacuaba antes de la siembra. El cigoñal, representado en un sello mesopotámico de hacia 2200 a. C., llegó a Egipto en el II milenio a. C.
Un qanat capta el agua subterránea bajo las colinas y la saca a la superficie por una galería.
Autores griegos atribuyen a Arquímedes, en el siglo III a. C., el tornillo usado en Egipto; la asirióloga Stephanie Dalley lee en una inscripción de Senaquerib, hacia 700 a. C., la descripción de tornillos de bronce en Nínive, una lectura aún discutida. Los qanats, galerías que llevan el agua subterránea durante kilómetros, suelen atribuirse al Irán del I milenio a. C., aunque son difíciles de fechar; en 2015 seguían funcionando allí unos 37 000.
En 1958, Thorkild Jacobsen y Robert Adams sostuvieron que el aumento de la sal llevó a los campesinos sumerios a cambiar el trigo por la cebada, más resistente; Marvin Powell rebatió esa teoría en 1985. El riego por goteo, desarrollado en Israel por el ingeniero Simcha Blass y fabricado por Netafim desde 1965, lleva hoy el agua al pie de cada planta.