Agua potable
Sacar, decantar, filtrar, hervir
Lámina
- 1Pozo revestido de piedra
- 2Brocal, tapa y torno
- 3Losa inclinada y canal
- 4Tinaja de decantación
- 5Lecho de arena fina con su capa biológica
- 6Grava y tubo de salida
- 7Olla en plena ebullición
Anatomía
El agua segura empieza por una fuente protegida, por ejemplo un pozo revestido y tapado, excavado cuesta arriba y lejos de letrinas y corrales. Cuando el agua es dudosa, la decantación, la filtración lenta en arena y la ebullición eliminan o matan la mayoría de los gérmenes de la diarrea, el cólera y la fiebre tifoidea, pero ninguno de estos métodos quita los productos químicos disueltos.
Qué es
El agua que enferma suele parecer limpia. El peligro está en bacterias, virus, protozoos y huevos de gusanos que proceden casi siempre de heces humanas o animales. El cólera, la fiebre tifoidea, la disentería y las diarreas que aún matan a niños pequeños se transmiten así.
El agua segura depende de una cadena de costumbres: una fuente bien cuidada, el agua dudosa aclarada por decantación o filtración lenta en arena y después hervida, y un almacenamiento cuidadoso, porque un vaso o una mano sucios bastan para volver a contaminarla.
Cómo funciona
La lluvia arrastra excrementos de campos y corrales hacia arroyos y charcas. El líquido de una fosa de letrina se filtra por el suelo hasta las aguas subterráneas poco profundas, más rápido a través de grava o de caliza fisurada que de arcilla.
El agua subterránea suele ser más limpia que la superficial, porque el suelo retiene partículas y microbios. Un pozo conserva esa ventaja si el revestimiento con mortero de su parte alta, el brocal, la tapa y la losa inclinada impiden que la escorrentía y el agua derramada entren en él.
Muchos gérmenes se adhieren a las partículas de limo y arcilla. Cuando el agua turbia reposa unas horas, las partículas se hunden y se llevan parte de esa carga. La decantación por sí sola no hace potable el agua.
Un filtro lento de arena es ante todo un sistema vivo. El agua baja a través de arena fina a unas décimas de metro por hora. En las primeras semanas se instala en los centímetros superiores una capa de bacterias, algas y organismos diminutos. Las partículas se quedan allí, los microbios de esa capa se alimentan de muchos de los patógenos retenidos y otros mueren antes de atravesarla. Aun así pasan algunas bacterias y muchos virus: el filtro mejora el agua, pero por sí solo no la vuelve segura.
La ebullición mata por calor. Según la OMS, llevar el agua a un hervor fuerte basta para inactivar las bacterias, los virus y los protozoos patógenos. El calor no hace nada contra los productos químicos.
Cómo hacerlo
Elegir y proteger la fuente. Es preferible un acuífero protegido o un manantial captado, después la lluvia de un tejado limpio y, solo en último lugar, ríos y charcas. Sitúe el pozo cuesta arriba de cualquier letrina, a 30 m como mínimo y más en grava o roca fisurada, y mantenga a los animales detrás de una cerca a unos 15 m, como sugiere la OMS. Lave la ropa y abreve el ganado cuesta abajo.
Excavar y revestir el pozo. Excave un pozo de al menos un metro de diámetro y revístalo de piedra o ladrillo a medida que baja. La OMS recomienda impermeabilizar como mínimo los 3 m superiores con juntas de mortero, mientras el revestimiento bajo el nivel del agua queda abierto para que entre el agua del acuífero. Levante un brocal, ponga una tapa y construya alrededor una losa impermeable de al menos 1 m de ancho, unida al brocal e inclinada hacia un canal que lleve el agua derramada cuesta abajo. Reserve una cuerda y un cubo para el pozo y no los deje nunca en el suelo. Un pozo nuevo o inundado debe desinfectarse y, si es posible, analizarse su agua; mientras tanto, hiérvala. Excavar o limpiar un pozo profundo es trabajo de poceros con experiencia, nunca de una persona sola.
Una tela plegada varias veces retiene el limo y el plancton al que se adhiere la bacteria del cólera.
Decantar y colar. Deje reposar el agua turbia unas horas en una tinaja tapada y vierta después la parte clara sin remover el poso. Cuélela luego por una tela de algodón limpia plegada en varias capas. En aldeas de Bangladés, un sari plegado en ocho capas redujo el cólera casi a la mitad.
Montar un filtro de arena. Estas cifras dan el principio; un diseño probado, como el filtro de bioarena de CAWST, precisa la granulometría de la arena y el caudal. Tome un recipiente estanco de unos 0,9 m de alto. Ponga grava en el fondo alrededor del extremo de un tubo de salida, encima arena más gruesa y luego al menos medio metro de arena fina lavada. Haga subir el tubo por fuera para que su extremo quede unos 5 cm por encima de la superficie de la arena; cuando deje de salir agua, compruebe que quedan unos 5 cm de agua sobre la arena. Una placa perforada o una piedra plana encima evita que el agua vertida excave la arena. Vierta el agua por tandas y deje reposar el filtro al menos una hora, y no más de dos días, entre una y otra. Cuando el caudal sea demasiado lento, remueva con suavidad, con la palma de la mano, solo la capa más superficial de la arena, sin mezclarla más hondo, y retire el agua sucia.
Una tapa, una base elevada y un cazo mantienen las manos y la suciedad lejos del agua guardada.
Hervir y guardar. Hierva toda el agua de una fuente dudosa antes de beberla, aunque esté decantada y filtrada. Llévela a un hervor fuerte; los CDC aconsejan mantenerlo 1 minuto, o 3 minutos por encima de unos 2000 m. Déjela enfriar tapada y viértala en una tinaja limpia de cuello estrecho con tapa. Sírvala con un cazo limpio o vertiéndola, nunca metiendo un vaso o la mano.
Seguridad. Hervir y filtrar actúan sobre los gérmenes, no sobre los productos químicos. Los nitratos del estiércol y de las letrinas, el arsénico, el flúor, el plomo, la sal, el combustible y los plaguicidas siguen en el agua, y la ebullición concentra los nitratos al evaporarse el agua. Si una fuente puede tener contaminación química, busque otra. La decantación y el filtro de arena no retienen todos los gérmenes: hierva también el agua. Mantenga toda letrina a 30 m como mínimo del pozo y cuesta abajo, con el fondo de la fosa al menos 1,5 m por encima del nivel freático en su punto más alto, en la estación de lluvias. El agua hirviendo escalda: coloque la olla bien estable y aleje a los niños. No baje a un pozo: en el fondo puede faltar oxígeno y las paredes pueden derrumbarse, y una cuerda no protege de ninguna de las dos cosas. Tape todos los pozos para que ningún niño ni animal pueda caer dentro.
Historia y evolución
Los pozos más antiguos fechados con seguridad están en Chipre: en Kissonerga-Mylouthkia, un pozo abierto en la caliza hacia 8400 a. C. alcanzaba el agua a 8 m.
El agua filtrada para el público nació de un filtro experimental que instaló una fábrica escocesa de blanqueo de tejidos en 1804. En 1829, James Simpson, ingeniero de la Chelsea Waterworks Company de Londres, puso en servicio un lecho filtrante de unas 0,4 hectáreas, de ladrillo, grava y arena, para el agua tomada del Támesis.
Broad Street, septiembre de 1854: sin su palanca, la bomba ya no se podía usar.
En 1849, John Snow sostuvo que el cólera viajaba en el agua contaminada por aguas residuales, mientras la mayoría de los médicos culpaba al aire viciado. Cuando la epidemia golpeó el Soho el 31 de agosto de 1854, relacionó las muertes con la bomba de Broad Street: de 73 muertes que investigó en las calles de alrededor, 61 eran de personas que bebían su agua. La parroquia hizo quitar la palanca el 8 de septiembre, cuando el brote ya remitía. Un clérigo del barrio, Henry Whitehead, encontró después el origen probable: un pozo negro delante del número 40, donde se había vaciado el agua de los pañales de un bebé enfermo. Snow comparó además dos compañías que abastecían las mismas calles: las casas que recibían agua captada aguas abajo de los vertidos de las cloacas de Londres tuvieron unas 315 muertes por cólera por cada 10 000 casas, frente a 37 con la compañía que captaba aguas arriba.
En 1908, Jersey City fue la primera ciudad estadounidense en clorar su agua de forma rutinaria; el cloro que queda en el agua la sigue protegiendo en las tuberías.