Higiene y antisepsia
Cortar el paso a los gérmenes
- 1Palangana y jarra
- 2Caldera del pulverizador de ácido fénico
- 3Boquilla y nube de ácido fénico
- 4Tapa atornillada, manómetro y válvula de seguridad
- 5Cesta de instrumentos en el vapor
- 6Quemador bajo el autoclave
La higiene y la antisepsia cortan los caminos que siguen los gérmenes de una persona a otra: las manos, los instrumentos, los vendajes y el agua. Lavarse con jabón, mantener el agua lejos de las aguas residuales, usar sustancias que matan los gérmenes en las heridas y esterilizar con calor las herramientas hicieron mucho más seguros el parto y la cirugía en la segunda mitad del siglo XIX.
Qué es
Los gérmenes pasan de una persona a otra por caminos que nadie ve: una mano que tocó a un enfermo y luego una herida, un bisturí limpiado en el delantal, agua sacada aguas abajo de una letrina. La higiene y la antisepsia son los hábitos y las herramientas que cortan esos caminos. El jabón y el agua quitan los gérmenes. El calor y ciertas sustancias químicas los matan. La asepsia, en el sentido que le dan los cirujanos, los mantiene lejos de la herida desde el principio.
La lámina reúne tres etapas de esta idea: la palangana colocada a la entrada de una sala de partos de Viena en 1847, el pulverizador de ácido fénico que Joseph Lister usaba en la década de 1870 y el autoclave de vapor que, desde la de 1880, esterilizó instrumentos y vendajes con calor en lugar de productos químicos.
Cómo funciona
Una bacteria es una sola célula de unas milésimas de milímetro; un virus es mucho más pequeño y solo se multiplica dentro de células vivas. Unos y otros viajan en la piel, las gotitas, el polvo, los alimentos, el agua o las herramientas, y las heces los llevan en cantidades enormes. Una infección necesita una fuente, un portador y una puerta de entrada, como la boca o una herida. Lavarse las manos entre un enfermo y otro elimina al portador, y el germen no pasa de ahí.
Frotar con los dedos entrelazados llega a la piel que hay entre ellos, uno de los sitios que más se olvidan.
El jabón actúa sobre todo arrastrando los microbios. Cada molécula de jabón se agarra al agua por un extremo y a la grasa por el otro, así que despega la película grasa de la piel, con los microbios atrapados en ella, y se la lleva con el aclarado. Además rompe los virus envueltos en una capa grasa, como el de la gripe.
El calor mata desplegando para siempre las proteínas del microbio, igual que cuaja la clara de huevo. Un hervor fuerte mata las bacterias corrientes, los virus y los parásitos. Algunas bacterias, entre ellas las del tétanos y el botulismo, pueden encerrarse en esporas de cubierta dura que resisten la ebullición. El vapor a presión de un autoclave, mantenido a 121 °C o más el tiempo suficiente y en contacto con toda la carga, también acaba con ellas: eso es esterilizar en sentido estricto.
Los antisépticos se usan sobre tejido vivo y los desinfectantes sobre objetos. El alcohol despliega las proteínas, y por eso las soluciones para las manos llevan al menos un 60 %. Los compuestos de cloro, como el cloruro de cal de Viena o la lejía de hoy, oxidan todo lo que tocan en la célula. El ácido fénico de Lister mataba gérmenes, pero también dañaba los tejidos de los operados y las manos de los cirujanos, y se abandonó. La suciedad y la sangre protegen a los gérmenes de todas estas sustancias, así que primero siempre se limpia.
Cómo hacerlo
Son hábitos cotidianos que recomiendan las autoridades sanitarias, no actos médicos.
Lavarse bien las manos. Mójalas con agua limpia, del grifo o vertida, y haz espuma con jabón. Frota palma con palma, cada palma sobre el dorso de la otra mano con los dedos entrelazados, otra vez palma con palma con los dedos entrelazados, el dorso de los dedos, cada pulgar girando dentro de la otra palma y las yemas contra la palma. La secuencia de la OMS dura de 40 a 60 segundos; los CDC estadounidenses piden al menos 20 segundos de frotado. Aclara y seca con una toalla limpia o al aire.
Saber cuándo. Después de ir al baño o de cambiar un pañal, antes de cocinar y de comer, antes y después de atender a un enfermo o una herida, y después de tocar animales o basura.
Separar el agua de los desechos. Cava las letrinas cuesta abajo de cualquier pozo o manantial y a 30 m como mínimo, más lejos en grava o roca fisurada, con el fondo del hoyo al menos 1,5 m por encima del nivel freático más alto de la época de lluvias. Estas distancias son solo un punto de partida: pide al servicio local de salud o de aguas que revise el terreno y hacia dónde corre el agua subterránea.
Cuenta los veinte minutos desde que el agua hierve con fuerza y no añadas nada después.
Hervir herramientas y paños. Lava primero con jabón las tijeras, las pinzas y los paños, porque el calor atraviesa mal la sangre seca y la grasa. Cúbrelos de agua en una olla con tapa, llévala a hervor fuerte y cuenta 20 minutos desde ese momento sin añadir nada. Deja enfriar, saca los objetos con unas tenazas hervidas a la vez y mételos enseguida en una caja con tapa también hervida. Sirven para sacar una astilla o cortar un vendaje. Hervir desinfecta, pero no esteriliza: las agujas y todo lo que entra en el cuerpo deben llegar estériles y precintados de una farmacia o un centro de salud.
Limpiar un corte pequeño. Lávate las manos y enjuaga el corte con agua limpia del grifo o con agua hervida ya fría hasta que no quede suciedad, y lava con jabón la piel de alrededor. Seca a toquecitos y cúbrelo con un apósito estéril o una tirita de farmacia.
Seguridad. No fabriques antisépticos ni desinfectantes en casa y no mezcles nunca productos de limpieza: la lejía con ácidos o con amoníaco desprende un gas tóxico. Nada de lo que se describe aquí debe tragarse ni inyectarse. El agua hirviendo y el vapor queman: mantén a los niños lejos de la olla. Llama a emergencias si una hemorragia no para o el corte es muy profundo. Busca atención médica pronto ante un corte largo o de bordes separados, una quemadura, cualquier mordedura de animal o de persona, una herida con tierra, o si una herida se pone roja, hinchada o más dolorosa, supura o viene con fiebre. Puede hacer falta la vacuna antitetánica.
Historia y evolución
En la maternidad de Viena, la clínica donde se formaban los estudiantes de medicina perdía por fiebre puerperal a una de cada diez madres; la de las comadronas, a una de cada treinta. En marzo de 1847 murió Jakob Kolletschka, colega del joven médico Ignaz Semmelweis, por un corte sufrido durante una autopsia y con los mismos signos que las parturientas. Semmelweis concluyó que los estudiantes llevaban «partículas cadavéricas» de la sala de autopsias a la de partos. Desde mayo de 1847, la fecha que toma esta lámina, les obligó a lavarse las manos con solución de cloruro de cal, y en 1848 la mortalidad de su clínica bajó al 1,27 %. Muchos colegas rechazaron su explicación.
En 1854 John Snow relacionó un brote de cólera en Londres con una sola bomba de agua callejera. En el hospital militar de Escutari, donde trabajaba Florence Nightingale, la mortalidad de los soldados ingresados llegó al 42 % en febrero de 1855 y cayó después de que se repararan las cloacas y se ventilaran las salas.
El matraz de cuello de cisne de Pasteur: el polvo queda atrapado en la curva y el caldo sigue transparente.
A principios de la década de 1860, Louis Pasteur demostró que un caldo hervido en un matraz de cuello largo y curvado seguía transparente, mientras que el expuesto al polvo se estropeaba: eran gérmenes vivos los que causaban la putrefacción. En Glasgow, Joseph Lister dedujo que los gérmenes también hacían supurar las heridas. En agosto de 1865 curó con ácido fénico la fractura abierta de la pierna de un niño, que sanó sin infección; publicó el método en 1867. Entre sus amputados, las muertes bajaron de 16 en 35 a 6 en 40, cifras que él mismo reconocía pequeñas.
Charles Chamberland, colaborador de Pasteur, diseñó en 1879 un esterilizador de vapor, y en 1886 Ernst von Bergmann pasó en Berlín a los vendajes esterilizados con vapor. Los cirujanos mantenían ya los gérmenes fuera de la herida con instrumentos y batas esterilizados y, desde la década de 1890, con guantes de goma. Las directrices de la OMS de 2009 sobre higiene de manos fijan cinco momentos en que quien cuida a un paciente debe limpiarse las manos.